lunes, 27 de mayo de 2019

Leyendo a Hölderlin en clase (2019)



¡Oh, libros en los estantes!
¡Oh, letras que no leemos!
¿Qué contáis?
No se os aprecia
olvidadas por la gente que entra
y mira la pantalla;
pero, alrededor de la mesa,
ante un poema de Hölderlin
que leemos en clase,
lo entiendo.
Qué raro que no me haya aburrido.

[Poema colectivo de Ana María, Benjamín, Enrique, Clara, Kristina, Alba, Salim y Pau. Escrito en la clase del 27 de mayo de 2019. En la biblioteca del centro, después de leer el poema «Edades de la vida» de Hölderlin.]

domingo, 19 de mayo de 2019

ANTOLOGÍA APÓCRIFA DE HAIJIN (Escritores de haikus 2019)


 Foto: Chen Chu


ANTOLOGÍA APÓCRIFA DE HAIJIN 
(ESCRITORES DE HAIKUS-2019)


OTOÑO

Hoja mojada,
se pega a mi rostro
al ir en contra.            Fudo Gokai

Grandes chubascos
los árboles desnudos
calles vacías              Akemi Karui

Viejos los árboles
las hojas se marchitan,
desnudos quedan.

En una hoja
 el viento resoplaba
llega el otoño          Takahiro Hyo

Huele a jazmín
Caen como las hojas
Las lagrimas            Ryu Kasai

INVIERNO

Dedos violetas,
copos de nieve azul
la piel veteada.          Fudo Gokai

Noche tan larga
junto a la chimenea
hoy pienso en ti        Akemi Karui  

Copos de nieve
una montaña nevada 
Ardor paisaje. 

La nieve blanca
baja por la mañana
como un pelícano    Takahiro Hyo 

Cristal helado
Ese destello de sol
Bosque de plata       Ryu Kasai

PRIMAVERA

Como la sangre
crecen ahora flores
sobre tu tumba.           Fudo Gokai

Guardo el abrigo
gran brisa calurosa
todo florece.              Akemi Karui 

Días eternos
nacen las grandes lluvias. 
Niños jugando.

La primavera
los árboles florecen.
Voy sin abrigo          Takahiro Hyo 

El sol ya no cae
Antes desvanecía
Hoy observa           Ryu Kasai

VERANO

Sol agresivo,
el olor a cadáver
crece por horas.          Fudo Gokai

Por el camino
contagio de sonrisas
de los pequeños         Akemi Karui

Querido sol:
Con tu espléndida luz
ciegas mi vista.

En el mar floto
con mucha tranquilidad
Un pez me mira        Takahiro Hyo 

Sol por la duna
Con este suave ardor
Camino sola           Ryu Kasai

MÉTRICA LIBRE

Tiembla el anillo
al firmar los papeles
de esta separación.     Fudo Gokai

Bajo el sol
caen gotas
arcoíris                      Akemi Karui

Viajo a otro mundo
el tiempo se ralentiza
el humo nubla mi vista

Para más alegrías
al Buda rezo.
Me despierto contento    Takahiro Hyo 


AUTORÍA

FUDO GOKAI
ANA MARÍA
AKEMI KARUI
ALBA

ENRIQUE
TAKAHIRO HYO
PAU
RYU KASAI
KRISTINA








 

jueves, 28 de marzo de 2019

VIDA NUEVA DE LA POESÍA ITALIANA MEDIEVAL (2019)




Francesco Petrarca
Soneto CCXCII

Ese día sabía que sería un día especial. Era viernes, pero no un viernes cualquiera. Era Viernes  Santo.  Fui, como de costumbre, a la iglesia de Santa Clara de Aviñón. A medida que me acercaba las dos torres de punta afilada se hacían a mi parecer gigantes. Entré y la luz tan cálida del sol me abrazó creando en mí una sensación de paz. Esa paz. Oh qué paz me trajo su mirada dulce como la miel. Resplandeciente como el  sol. Era pura pasión. Agresiva pero tierna. La impresión tuve de encontrarme entre los ángeles. Más allá de las nubes, sin embargo aquí estaba frente a esta hermosa dama. Al colocarse ella debajo del destello solar, sus cabellos eran oro. Oro derretido. Tanto parecía un ángel que acabó convirtiéndose en uno que cavó en mí un profundo pozo. Un pozo sin agua. Polvo y oscuridad. Me arrebató la sonrisa y me concedió una tormenta de lamentos.

Sus ojos que canté amorosamente,
su cuerpo hermoso que adoré constante,
y que vivir me hiciera tan distante
de mí mismo, y huyendo de la gente,

Su cabellera de oro reluciente,
la risa de su angélico semblante
que hizo la tierra al cielo semejante,
¡poco polvo son ya que nada siente!

¡Y sin embargo vivo todavía!
A ciegas, sin la lumbre que amé tanto,
surca mi nave la extensión vacía…

Aquí termine mi amoroso canto:
seca la fuente está de mi alegría,
mi lira yace convertida en llanto.

Este poema lo he dividido en tres partes, en la primera expreso mi devoción por Laura, la mujer más hermosa que he visto en mi vida. En la segunda la hermosa dama se filtra en mis manos como arena del desierto. Laura muere. Y en la última parte no soporto más esta tristeza y dolor. Me siento vacío.
Kristina B.

***

Guido Cavalcanti
Rima XVIII

El peregrinaje me ha llevado lejos de mi Florencia natal, a la ciudad de Santiago de Compostela, en las tierras de Galicia. Mi mujer, Beatrice, no ha viajado conmigo; un grave error, pues mi corazón ha sido atravesado por la flecha de Cupido. La conocí ayer en una misa, hermosa como ella sola. Las sagradas palabras del sacerdote no fui capaz de oír. Quién pudiera escuchar las palabras de Dios teniendo a un ángel de carne y hueso delante. Salí de la espectacular catedral a las calles rupestres, rodeadas de casas repugnantes, todas idénticas. Ella, a quien yo amo, era bella como la catedral y el resto del mundo era como esas edificaciones simples y sin gracia. Ni siquiera mi señora Beatrice se puede comparar. De camino al hostal mi mente buscaba una forma de confesar esos sentimientos, y la encontró en la tinta y la pluma que eran mi arte. Toda la noche pasé en vela para escribir mi poema.
Salió el Sol y cantaron los gallos, pues un nuevo día había llegado. Yo estaba listo para confesarme a ella. La esperé delante de la catedral y cuando la sagrada ceremonia hubo terminado, me acerqué y le recité mi escrito. Ella escuchó mis palabras igual que lo haría una estatua. Después se fue sin siquiera mirarme.
Uno pensaría que esto sería suficiente para calmar mi corazón y curarlo de la enfermedad que es el amor. Pero nada más lejos de la realidad, la flecha de Cupido sigue clavada más profunda que nunca. Y aquí estoy, otra noche en vela ahogando mis penas en poesía, las dudas retorciéndome por dentro, y mi pluma volando sobre pergamino.

Nadie niegue la pluma consternada
la negra tinta, la mano doliente,
las que escribieron dolorosamente
palabras que escuchaste distanciada

Preguntarán por qué, desde su nada,
pluma y tinta hablan súbitamente:
mi mano las movió y dice que siente
dudas en mis estación desamparada:

dudas que me destruyen muy despacio,
lentamente a la muerte dan espacio
y a pluma, tinta, mani, su desvío.

En tu silencio una palabra espera
que dice y que no dice que ame o muera
y escribe mi pasión en el vacío.

Estas rimas expresan mi dolor ante el vacío que ella me ha dejado. Cuento cómo le leí este poema y ella me ignoró y las dudas que me corroen. Mi cabeza sabe que su rechazo fue lo mejor para mí, soy un hombre casado, pero mi corazón duele igualmente, pues ella es mi catedral entre la gente.
Benjamin P.

***

Francesco Petrarca
Soneto LXI

Después de subir el monte Ventoso, en los Alpes, de unos 1.909 metros, junto a mi hermano y dos compañeros más, escribí una carta a mi amigo Francesco Dionigi. En esa carta le explicaba la dificultad de subir al monte, era el día 26 de abril de 1336, hacía frío para estar ya a finales de abril y eso complicó el ascenso. Lo pasamos bastante mal, ya que íbamos con pocos recursos y no llevábamos nada para poder dormir, pues no estaba previsto acampar aquí.
A ti, Francesco, te escribo esta carta para que sepas que estamos bien, hemos tenido dificultades para dormir, pero no ha estado tan mal. Y escribo este poema para dar gracias a Dios de que no nos haya pasado nada en nuestra estancia en el monte Ventoso.                                                                                                              

Bendito sea el año, el mes, el día
el tiempo, la estación, la hora, el instante,
el rincón y el lugar en donde ante
sus ojos fue prendida el alma mía;

bendita la dulcísima porfía
que a Amor me liga como firme amante,
y el arco y la saeta lacerante,
cuya herida le abrió en mi pecho vía.

Bendita sea la voz con que sustento
y siembro el nombre suyo en cualquier parte,
y mi ansia y mi suspiro y mi lamento;

y sea bendito todo cuanto arte
en fama suya doy, y el pensamiento
que es de ella sin que en él otra haya parte.

Este soneto se divide en dos partes. En la primera le doy gracias a Dios por haber encontrado a Amor y en la segunda le doy gracias a Amor por cómo es y cómo me trata.
Pau C.

***

Dante Alighieri
Vita Nova XXVI

Aún recuerdo cuando pasabas por mis calles, cómo no recordar esa sonrisa dulce y tierna, que esa hermosa sonrisa es la que quiero yo, aunque tarde sea. Era inevitable no escuchar la gente murmurando, hablando sobre ti, alabándote, y cuando estabas cerca de alguien, tanta honestidad infundía en el corazón, que no osaba levantar la cabeza ni responder a su saludo. Yo estaba prometido cuando por primera vez te vi, yo te prefería antes que todo, pasaba noches pensándote dolorosamente, sin poder hacer nada al respecto. Cada mañana por el bello Vecchio, te cruzabas en mi mirada y yo como un iluso intentando captar tu atención, pero de tantos hombres a tus pies cómo te ibas a fijar en un güelfo como yo. Se mostraba tan bella y colmada de hechizos que quienes la miraban se sentían inválidos por una dulzura tan honesta y suave, que no podían expresarla, aunque que al principio se hubieran visto obligados a suspirar. Todo esto lo producía mi única verdadera amada a la cual recordaré el resto de mi vida.

Tan graciosa y gentil se manifiesta
la amada mía si serene pasa
que las lenguas temblando quedan mudas
y que los ojos ni a mirar se atreven

Ella se aleja, oyendose alabada
benignamente de humildad vestida
y da las sensación de haber venido
desde el cielo, a manera de un milagro.

Se muestra tan graciosa a quien la mira
que, al verla, nos produce una dulzura
que no la puede entender quien no la prueba.

Y parece que exhale de sus labios
un espíritu suave, de amor lleno,
que el alma va diciéndole: Suspira.

Este soneto no hace falta dividirlo ya que, en todas las personas se muestra la exaltación de la amada cuando la ven, situada en su experiencia, en su rutina. Este soneto es claro y preciso y muestra perfectamente el mensaje que quiere transmitir.
Enrique A.

***

Dante Alighieri
Vita Nova XIII

 En la frialdad de mi alcoba. Hace ya varios días que no salgo de casa y no veo el porqué habría de hacerlo. La semana pasada vi dos veces a mi señora en la misma calle, aunque he de confesar que no fue casualidad. Sé cuáles son sus paseos preferidos y de forma inconsciente conozco su rutina y sus pasatiempos más de lo que en realidad debiera. El primer día estaba frente a la vitrina de una confitería, de la cual desconozco el nombre, pero ella se asoma ahí cada vez que pasa por delante. Al verme reflejado en el cristal se giró, y caminó hacia mí solo para saludarme, intercambiamos apenas cuatro frases, pero esas cuatro frases mejoraron mi humor el resto del día.
La segunda vez estaba recostada en el puente que hay en la misma calle, en la acera contraria a mí, y a la confitería. Ella y su acompañante hablaban con un grupo de jóvenes forasteros con actitud relajada y un tanto coqueta. Sé que me vio, pero simuló no haberlo hecho, quizás no quería que la relacionaran conmigo. Pasé de largo como si no me importara, solo que desde entonces no he vuelto a salir a la calle. Justamente ahora finalice este soneto que empieza así:

Todos mis pensamientos hablan de Amor;
y tienen entre sí  tal variedad,
que uno me hace anhelar su dominio,
otro afirma ser loco su predominio,

otro, confinado,  me causa  dulzura,
y otro me hace llorar muchas veces;
y solo coinciden en pedir piedad,
temblando  por el miedo que hay en mi corazón.

Por lo que no sé qué  camino tomar;
y querría hablar, y no sé qué decir:
así me encuentro en amorosa incertidumbre.

Y si quiero ponerme de acuerdo con todos,
tendré que llamar a mi enemiga,
mi señora la Piedad, para que  me defienda.

Este soneto se divide en dos partes. En la primera hablo de los pensamientos tanto de amor como de dolor que  me pasan por la mente constantemente, en la segunda hablo de la confusión que estos me provocan. La segunda parte empieza en «Por lo no sé qué camino tomar».
Ana María B.





jueves, 21 de febrero de 2019

EL BOSQUE. Una tragedia clásica





EL BOSQUE
Una tragedia clásica

Personajes
Hugo
Abril
Laura
Álex
Mensajero
Coro


Escena 1. Felicidad

(Un claro en medio de un espeso bosque. Llegan cuatro amigos.)
HUGO: Ya os lo decía yo, gente.
ABRIL: Está bastante bien. ¿Oís el río?
LAURA: Ya ya, pero hay mucha humedad e igual me caigo al suelo.
ABRIL: Bueno no te echaremos de menos tampoco. Alex,  estaremos bien aquí, ¿eh?
ALEX: Ya lo creo Abril, ¿dónde acamparemos Hugo?
HUGO: Aquí al lado de este árbol recuerdo que había  un buen sitio que nos puede tapar en caso de lluvia.
LAURA: Qué suerte que te tengamos Hugo, no sé qué haría sola con estos dos inútiles.
ABRIL: Muchas gracias Laura, ya me reiré cuando te pique una mosca.
LAURA: ¡Ay no!
ABRIL: Si las moscas no pican Laurita.
HUGO: Oye, vayamos a plantar las tiendas.
CORO: Felices han llegado al claro, donde van a acampar. Felices hablan entre ellos de lo bien que se lo van a pasar. Felices plantan las tiendas para en la noche dormir.
ALEX: Tengo hambre, ¿alguien puede traer la comida?
ABRIL: Ya voy yo, ¿qué queréis para cenar?
HUGO: La comida está en mi mochila, ¿no sabes dónde está? Te acompaño porque tengo que ir a buscar la linterna y un abrigo para Laura, que tiene frío.
LAURA: No tardéis, que Alex no habla y no quiero que os pase nada.
HUGO: Para nada, está al lado de sus tiendas y mi mochila, en donde acaba este claro.
ABRIL: Laura, Alex ya hemos vuelto !
HUGO: Ten el abrigo, hemos traído carne y pan para cocinar al fuego, nubes y bebida.
LAURA: ¿Quién va a cocinar ? Tengo miedo a quemarme.
HUGO: Tranquila, no te pasará nada, ya lo hago yo por ti
ALEX: Venga, Hugo, te echo una mano.
ABRIL: Laura y yo ponemos los platos y cubiertos a la mesa. ¿O también te da miedo?
LAURA: Tranquila, eso sí lo podemos hacer juntas que así después ya está hecho.
HUGO: Alex y yo hemos cocinado este manjar digno de reyes. Ja, ja, ja
LAURA: Estoy orgullosa de ti, Hugo.
ABRIL: Venga Hugo rápido que se enfría. Alex siéntate aquí a mi lado, ¿no?
ALEX: Si, va, Hugo, que tenemos hambre.
LAURA: Mmmmm que bueno, tiene un sabor tan explosivo...Mmm
HUGO: Ya dije que este sitio era fantástico, ¡estos momentos los voy a recordar como lo mejor de mi vida !
ALEX : Y el sonido de los búhos, la luna llena, tanta luz que hace. ¡Qué bonito!
CORO: Tranquilos y sonrientes estuvieron de acampada. Tranquilos y motivados estuvieron disfrutando. Tranquilos y afamados comieron. Tranquilos y afectuosos comieron las nubes. Tranquilos bebieron. Era el momento más feliz de su vida.


Escena 2. Amenaza

ABRIL: (dirigiéndose a Hugo y a Laura). Habíamos pensado que Alex y yo vamos a dormir juntos.
LAURA: ¡Eh! ¡Si yo no duermo con Abril duermo sola!
HUGO: ¿Entonces, dónde duermo yo?
ALEX: (a Abril). Duerme tú con Laura, a mí no me importa.
ABRIL:(a Alex). Ya lo habíamos hablado, Alex.
HUGO: ¡Yo no voy a dormir en el suelo! ¿Qué queréis, que me coman las serpientes y que los mosquitos me frían durante toda la noche?
ALEX: (a Hugo). Háblalo con Laura y duerme con ella.
HUGO: ¡No hemos venido a una excursión de parejitas!
LAURA: ¡Eso, eso!
ABRIL: ¡Yo voy a dormir con mi novio y punto!
HUGO: ¡ Oye Alex también es mi amigo!
ABRIL: O duermes con Laura o duermes solo.
LAURA: ¡Que no voy a dormir con Hugo!
CORO: Los cuatro amigos siguen pensando diferente a pesar de discutir gran parte de la noche. ¿Qué harán? ¿Qué pasará?
HUGO: ¡Se acabó! Estoy harto de esto, dormid como os dé la gana, menuda tontería, me voy, a ver si me relajo un poco…
(Hugo no vuelve, todos empiezan a preocuparse)
ABRIL: ¿Donde estará?      
ALEX: No deberíamos haberlo agobiado tanto…
ABRIL: Tú no te preocupes, hablamos desde hace días el dormir juntos, es cosa suya y de esta si no se ponen de acuerdo.
LAURA: Yo necesito mi espacio para estar cómoda y ni loca duermo con él.
(de entre los arbustos sale Hugo con aspecto de estar muy cansado)
HUGO: Por fin acerté con el maldito camino, no he parado de caminar en círculos desde que me fui, eso me pasa por ir sin la linterna, no puedo más.(Se tumba en el suelo agotado y sudoroso)
CORO: Se quedan mirando a Hugo sorprendidos y se hace la tregua en el bosque.


Escena 3. Tragedia

LAURA: (Dentro de la tienda) Solo son las tres de la mañana (suspira). Hugo. ¿Hugo? ¿Dónde se habrá metido? (Sale de la tienda, mira a su alrededor.) Hugo, no hace gracia, ¡deja de hacer cosas raras!
ALEX: (Sale de su tienda) ¿Sucede algo, Laura?  
LAURA: Me he despertado y no encuentro a Hugo. Alex, ¿tú lo has visto?
ALEX: Pero si está ahí.
(Silencio)
ABRIL: ¿Qué está pasando aquí?
ALEX: Según Laura, al parecer, Hugo ha desaparecido.
LAURA: Es que no está. Vamos a buscarlo.
ABRIL: Probablemente es lo mismo de antes. Seguro que volverá, pero por mí como si no vuelve.
LAURA: ¡Abril!
ABRIL: ¿Qué pasa? Es un imbécil, un prepotente y un creído. Volverá con el cuento de que nos ha salvado de un lobo o alguna mentira de las suyas.
ALEX: Abril, por favor, cálmate.
CORO: La calma no perdurará. En este bosque hay mucho peligro, está lleno de misterios. Dicen que quien desaparece no vuelve. Vuestro amigo está en apuros.
(El coro se va)
LAURA: (Asustada) Y ahora, ¿qué hacemos?
ALEX: Ir a buscarlo.
ABRIL: Pues claro. ¿Cómo no?
LAURA: (Le mira por encima del hombro) Contrólate.
ALEX: (Con voz temblorosa) Tenemos que darnos prisa, Hugo necesita nuestra ayuda.
LAURA: Como quieras, pero no te asustes mucho.
ABRIL: Yo prefiero ir por mi cuenta. Vosotros id por este camino. Yo iré por el otro.
ALEX: (Dudoso) ¿Estás segura? ¿Y si te pasa lo mismo que a Hugo?
ABRIL: No creo, soy más lista.
LAURA: (Por lo bajo) Pues mejor sola.
ALEX: Venga Laura, vámonos.
LAURA: ¿Estás seguro de que este es el camino correcto?
ALEX: Ya sabes que no.
LAURA: Fantástico.
ALEX: Lo siento, ¿de acuerdo? Ya sé que no soy como Hugo; valiente y no un idiota que se asusta de cualquier cosa.
LAURA: Alex, no seas tan duro contigo mismo. Que no seas valiente no quiere decir que seas idiota, pero tienes que enfrentar la realidad, como lo que quieres para tu futuro.
ALEX: Aún no estoy seguro de lo que quiero…
LAURA: Pues ve pensando. Y también piensa en cómo salir de aquí.
(Se oye un grito)
LAURA: (Asustada) ¿Qué ha sido eso?
ALEX: (Nervioso) No... no lo sé.
LAURA: Vamos a ver.
ALEX: Pero Laura…
LAURA: ¡Vamos!
ALEX: Vaya… parece que hemos llegado al final.
LAURA: ¿Y Abril?
CORO: Los avisos no son falacias. Habéis tenido suerte de llegar hasta aquí, aunque vuestra amiga no ha tenido tanta. Los valientes se confían demasiado y el bosque lo sabe.


Escena 4. Final trágico

LAURA : ¿Dónde vamos, Alex?
ALEX : Me parece que Hugo dijo que había un río por esta zona, intentemos encontrarlo.
LAURA: Me parece una buena idea.
ALEX : Supongo que si seguimos el río, nos llevará a algún lado.
LAURA: ¿Tienes una linterna Alex? ¡No veo absolutamente nada!
ALEX : ¡Shhhhh! ¿Has oído eso?
LAURA: ¿El qué?
ALEX : He oído un ruido por allí, sigamos, a ver si con un poco de suerte encontramos algo.
LAURA: Alex por favor no me asustes..
ALEX : Tranquila, no debe ser nada peligroso.
LAURA: ¡Lo veo! ¡Ahí está!
ALEX : ¿A quien? ¿A Hugo?
LAURA: No, el río, ahí delante.
ALEX : Bien, sigámoslo.
CORO: El río les acompaña. Llegan a un pueblo lúgubre. Ahí descubren una terrible noticia. El miedo y la inquietud están en camino.
LAURA: Mira, Alex, ahí está, después de una hora caminando, veo un cartel que pone: Bienvenido a Tunefese.
ALEX : ¡Si! Entremos, pero a esta hora no creo que haya nadie, es bastante tarde, tendremos que llamar a alguna puerta.
LAURA: Ahí hay una luz encendida, llamemos a ese portal, a ver si con un poco de suerte nos abren.
ALEX: (Toca el timbre) ¡Por favor, abridnos! ¡Necesitamos ayuda!
MENSAJERO: ¿Quiénes sois?
LAURA: Hemos podido salir. Nuestros amigos, Abril y Hugo, siguen ahí adentro. Nos hemos perdido. ¿Los han visto llegar? ¿Han venido aquí?
MENSAJERO: Aquí no viene nadie. Nunca.
ALEX: No nos alarmemos, tarde o temprano tendrán que salir del bosque.
MENSAJERO: Nadie ha logrado salir del bosque. Nunca.
LAURA: No puede ser. Hace solo unas horas estaban aquí. Con nosotros. Todos juntos. Tienen que estar cerca. Lo presiento. Habrán salido por otra zona. Habrán ido a otro pueblo. Tienen que haber salido. Tienen que estar aquí.
MENSAJERO: No hay otra salida diferente a la salida.
ALEX: No acabo de entender lo que está pasando.
MENSAJERO: Es mejor que, mientras podáis, huyáis del pueblo.
CORO: El río sigue su destino. Los dos jóvenes caminan por el centro de la carretera, el primer rayo de sol los ilumina entre las sombras del bosque. Cansados, abatidos, sus pasos les alejan de la noche.


Autoría
Escena 1
Benjamín y Salim
Escena 2
Ana María y Pau
Escena 3
Alba y Kristina
Escena 4
Clara y Enrique
IdeaTrabajo cooperativo